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Socialismo es el límite

Socialismo es el límite

Miguel Lozano

Caracas.- Con la propuesta de reforma constitucional para su próximo mandato (2007-2013), el presidente Hugo Chávez colocó a Venezuela en el centro de un debate que trasciende las fronteras nacionales: la vigencia del socialismo.

Si a ello se suma el propósito de crear un partido único revolucionario venezolano, es de esperar en 2007 fuertes debates teóricos que, quizás, trasladarían la batalla de las calles a las ideas.

 

Chávez propuso avanzar en el camino al socialismo y hacerlo con el apoyo de una reforma constitucional que abriría las puertas a lo que el denomina "socialismo del siglo XXI", en la práctica la adaptación de ese sistema a las condiciones venezolanas.

 

Aún por definir muchos aspectos, el Presidente fijó una línea al proceso, pues considera que los principios no están en negociación y recibió el pasado 3 de diciembre el mandato socialista de más de siete millones de venezolanos (casi 63 por ciento de votos).

 

Lo curioso es que, como rara veces sucede en la política venezolana, la oposición apoya la propuesta de la reforma, aunque con un sentido totalmente opuesto: garantizar la propiedad privada e intentar frenar las posiciones socialistas como conceptos constitucionales.

 

El diputado y abogado constitucionalista Carlos Escarrá considera necesario el diálogo con la oposición, pero al mismo tiempo aclara que, como expresa Chávez, la reforma constitucional será aprobada en un referéndum, lo cual legalizará el criterio de la mayoría.

 

Inicialmente las propuestas opositoras apuntan a una simplificación de la trascendencia otorgada por el jefe de Estado, al hacerlas ver como una iniciativa dirigida a terminar con la propiedad privada, imponer la educación estatal y establecer la reelección indefinida.

 

Sin embargo, los adelantos conocidos a partir de los criterios de Chávez y Escarrá -convertido en referencia en este campo- apuntan a transformaciones profunda de los valores y estructura del Estado.

 

La proyección indica la intención de fortalecer el poder popular, mediante la ampliación de mecanismos de participación como las asambleas y los recientemente creados consejos comunales como concepto de autogobierno.

 

Por la parte gubernamental se estima que la reforma constitucional es necesaria debido a que la anterior -aprobada en referéndum en 1999- tuvo como propósito garantizar los cambios ofrecidos por Chávez, pero los hechos ya van dejando atrás esos conceptos.

 

Luego de ocho años de políticas sustentadas en programas sociales para distribuir más equitativamente la riqueza petrolera del país, el presidente venezolano considera que problemas como la pobreza o el desempleo no podrán ser eliminados en un estado capitalista.

 

En los primeros análisis, según ha explicado Escarrá, se plantea la necesidad de pasar a una economía social, humanista y solidaria en sustitución de la neoliberal sustentada en el mercado.

 

"Tenemos que cambiar los conceptos de libre competencia por una competencia justa y equitativa", explicó Escarrá en una entrevista al diario Panorama, de Maracaibo.

 

Fuentes parlamentarias, como la presidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Flores, adelantan que el procesos se realizará desde el inicio con una amplia participación popular, en lo que aquí se denomina el parlamentarismo de calle.

 

Para ello los legisladores se disponen no sólo a recoger los criterios de la oposición política, sino también directamente de la población, como ya se ha hecho en otros casos, con convocatorias a reuniones de vecinos para opinar y proponer modificaciones.

 

Concluido el proyecto, se realizarán tres debates y aprobaciones en la Asamblea Nacional, para luego exponer el resultado final nuevamente al criterio de todo el país, mediante un referéndum nacional.

 

Escarrá adelantó que no habrá negociación de los principios y valores fundamentales, pero se dialogará con sectores opositores para identificar consensos como parte de la estrategia de la reforma.

 

En relación con la magnitud del proceso, este debe alcanzar la sociedad, la economía y formas de garantizar derechos propios de la sociedad socialista como vivienda, cultura, educación, trabajo, salud y deportes.

 

Cuando aún quedan por definir acciones, se vislumbra ya dos tendencias hechas públicas hasta ahora: creación de un Estado Socialista o una reforma para acercar las estructuras a ese propósito.

 

Cualquiera de las dos opciones lleva implícito el enfoque de analizar con sentido crítico la historia, desde los principios colectivistas de las sociedades autóctonas americanas hasta las causas del socialismo europeo, el mal llamado "socialismo real".

 

Chávez, quien a menudo cita a Carlos Mariátegui en su defensa del indigenismo americano, también considera que deberán incorporarse principios del cristianismo original, sobre todo en lo referido a la justicia social.

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