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Amazonia, oxígeno para el planeta

Amazonia, oxígeno para el planeta

Miguel Lozano

Caracas.- Con más de siete millones de kilómetros cuadrados de selva en América del Sur, la Amazonia es un emisor importante de oxígeno amenazado por apetencias materiales que ponen en peligro la existencia de la vida como hoy la conocemos.


El 20 por ciento de las reservas mundiales de agua y ricos yacimientos de minerales como uranio y oro, colocan la zona en la mira de grandes depredadores transnacionales.

Varios países comparten la selva más extensa del mundo: Brasil (más del 50 por ciento), Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y la Guayana Francesa.

El deterioro actual lleva a algunos científicos a sospechar que la Amazonia está emitiendo tanto co2 como oxígeno -resultado de las talas y quemas, La situación ha reactivado el Parlamento Amazónico, una institución de poco impacto en los últimos años.

En entrevista con Prensa Latina, el vicepresidente de la institución regional, el diputado venezolano Eddy Gómez, alerta sobre “el interés del imperio por recursos que disponemos ahí, sobre todo el agua, también diamantes, uranio”.

Para ello Estados Unidos promueve la “internacionalización” de la región por su importancia para la humanidad y bajo el supuesto que los países suramericanos no la cuidan apropiadamente, además de avanzar con otros medios de penetración como bases militares.

-¿Por qué el interés de Estados Unidos en la Amazonia?

Está el tema de los recursos hídricos y el impacto político, dicen que las próximas guerras serán por agua.

Es también banco de genes con millones de especies de plantas, aves, vertebrados, peces como el manatí, animales como la danta-tapir y plantas como un nenúfar gigante (victoria amazónica)

Una de las mayores reservas genéticas está allí y tiene importantes recursos minerales, incluyendo uranio.

-¿Qué otras amenazas tiene la selva amazónica?

Una preocupación es la devastación. Sólo en Brasil desde 2003 la deforestación se estima en 18 mil kilómetros cuadrados. También derrames de petróleo en las áreas peruana y ecuatoriana.

Hay una marcada deforestación para utilizar la madera y los terrenos con fines agrícolas. Brasil intensificó la producción de soya y como consecuencia cada minuto desparecen cientos de kilómetros de selva.

Sólo Brasil envía a la atmósfera más de 300 mil toneladas de co2 al año y de ellas 200 mil toneladas como resultado de la quema. Si se mantiene el ritmo, en 50 años la selva es un desierto.

También hay contrabando de animales porque se trafica mucho con ejemplares y las pieles, sobre todo para Europa.

Otro problema es el espionaje estadounidense con instituciones fingidamente ambientalistas o religiosas que contribuyen a la transculturación indígena y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) con el argumento de lucha contra el narcotráfico.

Solapadamente están combinados y son cómplices de los grandes hacendados. Cinco por ciento de ellos controla 60 por ciento de la Amazonia. Son depredadores: aplican la quema y la tala, contrabandean madera y animales.

Incluso disponen de la vida de indígenas y campesinos muchas veces con impunidad. Hasta 2005 se registraron más de 10 mil muertes, entre ellos dirigentes campesinos.

También hay bases norteamericanas: cuatro en Colombia y la de Manta en Ecuador. Han recogido un poco la cabuya (soga) por la correlación de fuerzas, pero sus intenciones persisten.

-¿Cuál es el impacto de la Amazonia en el cambio climático?

Es el mayor pulmón de oxígeno del planeta, pero también una característica de la selva es que la vegetación cambia permanentemente y los ciclos vida-muerte animal son acelerados.

Eso hace que con la lluvia el co2 se desprende de la materia muerta y hace los suelos muy ácidos, con débil capa orgánica y poco utilizables en agricultura y ganadería.

Sólo el tres por ciento de la Amazonia tiene vocación agrícola. Por eso se recomiendan otras formas de desarrollo económico.

-¿Qué se puede hacer políticamente frente a estos fenómenos?

Queremos reactivar el Parlamento Amazónico, que ha estado de capa caída, junto a un descuido en la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), creada en 1995 a partir del Tratado de Cooperación Amazónica de 1978 entre Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela.

El Parlamento Amazónico fue creado en 1989 y está integrado por parlamentarios de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela.

Proyectamos para ello realizar un foro en Venezuela, probablemente en febrero de 2008. Lo más seguro es que participen parlamentarios y trataremos de involucrar a la OTCA.

Un problema es que Perú y Colombia tratan de firmar tratados de libre comercio con Estados Unidos y eso sometería a riesgo la región por la presencia de las transnacionales, que podrían ponerle la mano a cualquier cosa y patentarla. Son tratados leoninos.

-¿Comparte criterios emitidos hace algunos años por el político brasileño Cristóvao Buarque, quien planteó que antes de la Amazonia se deben internacionalizar otros valores de la humanidad?

Lo que dice Buarque es lo que plantea la OTCA. Conservar esos espacios para los países del tratado, defender esos espacios.

El plantea que no se puede permitir la internacionalización si hay otras esferas de interés común que sin embargo pertenecen a algunos países como los museos, niños abandonados, y otros.

Hasta que eso no se haga, la Amazonia debe seguir perteneciendo a nuestros países.

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