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Tomuzas, la novela del pueblo perdido

Tomuzas, la novela del pueblo perdido

Por Miguel Lozano

Caracas.- Sin ser restaurador, el venezolano Aldemaro Barrios Romero emprende en su novela Tomuzas un ejercicio de recuperación cultural, mediante la ficción, de una etapa escamoteada que podría cambiar algunos conceptos históricos.
Investigador, analista y cronista, Barrios Romero entrega en 2008 al público latinoamericano una obra que, como corresponde al género de la novela histórica, entrelaza muerte y amor con historia y ficción para ofrecer una obra singular por su lenguaje y enfoque.
El libro desmiente la historia contada y asegura que los españoles fueron derrotados durante 200 años por los tomuzas, diestros en emboscadas, que dominaron la pólvora y las técnicas de inteligencia,
sólo doblegados por el crucifijo y la des-culturización.
Los tomuzas están, desde ahora, también presentes en una novela indispensable para quien esté interesado en respuesta a la eterna pregunta: ¿De dónde venimos?, sobre lo cual Prensa Latina conversó con su autor:
- ¿Cuáles fueron las motivaciones para escribir esta novela con un contexto poco usual?
- Ante todo, el reconocimiento que hay una historia nunca contada. Hay investigaciones de autores desde misioneros como fray Antonio Caulín hasta Marc de Civrieux, un etnógrafo franco venezolano, que revelan el episodio poco conocido de 200 años de guerras.
Historiadores reconocidos como Iraida Vargas y Mario Sanoja, afirman que durante ese período la guerra no fue ganada por los españoles militarmente.
Al darse cuenta que por la vía militar no podían ganar, la Iglesia resolvió el problema al desmontar los valores que sostenían culturas como la de los tomuzas, desde el punto de vista del lenguaje, manifestaciones culturales y formas de expresión.
Esa es una de las motivaciones que me llevó a pensar que es necesario revelar historias, aunque fuese en formato de ficción, pero sustentada en una plataforma de investigaciones.
-¿Qué pruebas hay de eso?
- Hoy en Venezuela entre Caracas y Maracaibo hay ciudades de importancia político-histórica (Barquisimeto, Maracay, Valencia) pero entre Caracas y Barcelona, en el oriente, donde los tomuzas tenían influencia no hay ciudad de importancia, salvo Barcelona.
Eso es precisamente por la resistencia de tipo militar: no pudieron asentarse los españoles en esa distancia de unos 400 kilómetros.
También se nos ha dicho que una causa por la cual los aborígenes perdieron la guerra fue porque los españoles usaban mosquetes y dominaban la pólvora y los aborígenes flechas y macanas.
Sin embargo, resulta que hay un período cuando los cumanagotos, cores y tomuzas aprendieron a usar la pólvora e incluso mosquetes porque se asociaron los holandeses que de manera oportunista los utilizaron para debilitar las fuerzas españolas.
- Pero ¿por qué el formato de ficción?
- En principio porque desde el punto de vista documental histórico hay indicios y señales pero no la historia totalmente construida por varias razones: una de ellas que era ágrafos y la única forma de reconocer un valor olvidado es a través de la ficción.
-¿Cómo se articula el basamento histórico con la trama?
-Hay un personaje central, el cacique Kurúpira, quien dirige y coordina el enfrentamiento con los españoles y organiza a las familias para provocar la unión entre etnias.
Es una intención de darle protagonismo a un personaje vinculado con una doctrina si se quiere política, la de la unidad de los pueblos.
Kurúpira, en la novela, logra unir a grupos como kores, tesermas, guamonteyes, guarinos, en unas reuniones de jefes de grupos y les aclara en sus palabras que es necesaria la unión de los pueblos para enfrentar un enemigo poderoso.
Además hay pasajes del amor entre los aborígenes, para reflejar como en su cosmogonía concebían el amor, cual era esa relación y como había –testimoniado- grupos comandados por mujeres que era muy fuertes, tanto o más que los hombres.
La novela refleja la dignidad del aborigen. Su lucha no era de exterminio, sino de supervivencia, en función de valores ancestrales y de ritos. Los aborígenes batallaban, se retiran y podían hasta recibir a los españoles derrotados sin tomarlos prisioneros.
Incluso los aceptaban dentro de su grupo humano. En la novela hay una historia de una teserma de nombre Totoi que rescató a un español abandonado. Ellos se enamoran, hacen una familia y él se asimila a la cosmogonía aborigen.
El libro queda abierto para una segunda parte, el período que va después de 1630, que creo es similar en toda Latinoamérica, cuando los españoles se dan cuenta que por la vía de las armas no podían imponerse sino por la lengua y la dominación cultural.
- ¿Esa sería su segunda novela?
- Sí, Tomuzas es la primera, aunque también tengo un libro de crónicas “De tierra fría a tierra caliente”, génesis de este trabajo.
Fue publicado en 2005 y retrata una región del norte de Venezuela entre el llano y la montaña. Allí hay una variación cultural de raíces afros, hispanas y aborigen.
-¿Qué actualidad atribuye a hechos ocurridos cuatro siglos atrás?
- La luchad e resistencia sigue. Hay un enfrentamiento con un país neocolonialista como Estados Unidos. Nos enfrentamos a la misma resistencia en el ámbito de las ideas y de la Cultura.
Estos son valores para tomarlos como armas de conciencia hacia lo que somos y por qué somos, pues.
Fuente;Prensa Latina

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