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Inmigración, Europa bajo la presión del Sur

Inmigración, Europa bajo la presión del Sur

MIguel Lozano

Madrid.- La zona del mar Mediterráneo afronta una compleja situación por el incremento de la emigración irregular de países de África y Medio Oriente que huyen de guerras y hambrunas.

La alternativa, para muchos de ellos, es morir de inanición, perecer en una guerra sin sentido o vivir algún tiempo más en condiciones de penuria y desesperanza, resultado de siglos de olvido y marginación y políticas de explotación.

Europa, que ahora recibe el fenómeno como bumerán de su historia colonial, es -pese a la crisis- un eslabón superior y un sueño para millones de personas atraídas también por el estímulo a la inmigración con que varios países intentaron neutralizar la caída de la natalidad.

La arista más dramática son las muertes provocadas por los intentos de llegar en embarcaciones endebles, el asalto a vallas fronterizas y el paso por lugares peligrosos, en ocasiones de mano de mafias del tráfico humano.

El Observatorio de víctimas de la inmigración estimó que entre 1988 y 2008 murieron más de 12 mil personas provenientes de Marruecos, Argelia, Mauritania, Senegal y otros países, deshidratados en el desierto, ahogados en el mar o asfixiados en barcos de carga.

Vallas cada vez más altas protegidas por cuchillas, como las instaladas en Ceuta y Melilla -ciudades españolas en África- no pueden impedir la avalancha que deja un número creciente de víctimas, cuyas cifras reales tal vez nunca se conozcan.

Uno de los hechos más dramáticos del año ocurrió el pasado 6 de febrero, cuando 15 inmigrantes murieron al intentar alcanzar a nado una playa ceutí, luego de haber fracasado un intento de asalto a la valla que separa esa ciudad con Marruecos.

La tragedia provocó fuertes polémicas en España, ante acusaciones de que las muertes fueron propiciadas por los disparos de proyectiles de goma cuando los inmigrantes se encontraban en el agua hechos por la Guardia Civil, que rechaza esas alegaciones.

Para enfrentar la situación se plantean dos posiciones básicas: una, reforzar las fronteras y facilitar las devoluciones de quienes logren ingresar de forma irregular; la otra, incrementar la ayuda para el desarrollo con vistas a eliminar o disminuir causas de la emigración.

Con la perspectiva de un análisis del fenómeno por parte de la UE, los países integrantes del Grupo Mediterráneo se reunieron el 16 de abril en la ciudad española de Alicante, con el propósito de llevar una posición común sobre los flujos migratorios.

Los ministros de Asuntos Exteriores de Chipre, Francia, Grecia, Italia, Malta, Portugal y España optaron, en una declaración conjunta, por una postura que aglutina los dos enfoques: más recursos para las fronteras y programas de ayuda a los países emisores.

Lamentablemente, el análisis de la reunión de Alicante evidencia que el peso lo tiene el reforzamiento de las fronteras y la agilización de mecanismos de devolución para las llamadas devoluciones en caliente, ahora consideradas ilegales.

Según su valoración, la presión migratoria en el Mediterráneo está en aumento, como demuestran los trágicos acontecimientos recientes resultado de la situación de inestabilidad y pobreza en los países de origen, pero este elemento parece marginado en las propuestas.

Los países mediterráneos piden a la UE tener en cuenta que gran número de inmigrantes pretenden seguir adelante a otras partes de Europa, por lo cual requieren mayor participación de sus miembros en las cuestiones migratorias.

Estos desafíos, según ese enfoque, solo pueden ser abordados de manera global, con medidas a corto y largo plazo, en la UE y terceros países, mediante la dedicación de recursos para la gestión de los flujos migratorios.

La reunión de Alicante pidió reforzar el control de las fronteras externas de la UE- tanto terrestres como marítimas- incluyendo operaciones conjuntas con participación mayor de los estados miembros.

Asimismo proponen generar capacidades en los países de origen y tránsito del Mediterráneo y de la región subsahariana para reforzar el control de sus fronteras y la lucha contra las redes criminales y la trata de seres humanos.

También sugieren flexibilizar las formas de retorno y readmisión, para que quienes se encuentren en situación irregular en la UE puedan volver a sus países de origen, con pleno respeto de sus derechos fundamentales y sobre la base de los estándares internacionales.

Apoyo para las organizaciones internacionales que operan en terceros países de tránsito y garantías que los estados africanos cumplan compromisos de readmisión se incluyen en la proyección.

Menos concretas son las ideas en torno al reconocimiento de los esfuerzos para abordar adecuadamente las causas profundas de la inmigración asociadas a situaciones de pobreza, inestabilidad política y conflictos.

Al especto se limita a considerar necesario el compromiso de instituciones europeas en la cooperación para el desarrollo con programas e instrumentos financieros que actúen contra la presión migratoria y promuevan el desarrollo económico y social.

A partir de la visión expuesta en Alicante y la posición de otros países líderes de la comunidad como Alemania, parece muy probable que si esta situación es abordada en el Consejo Europeo de junio próximo, la estrategia no esté centrada en la cooperación.

La historia reciente indica que vallas cada vez más altas y cuchillas afiladas son impotentes para detener una avalancha de millones de personas que a menudo prefieren jugarse la vida en un viaje peligroso para escapar de una muerte segura o una vida que no lo es.

ml

 

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