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Aceras de Caracas

<strong>Aceras de Caracas</strong>

Miguel Lozano

Caracas.- Con la llegada de 2008, los habitantes de Caracas comenzaron a re-descubrir las bondades de las aceras, ese recurso arquitectónico ideado para proteger el andar de peatones en ciudades cada vez más agobiadas por el tráfico automotor.

Quien haya visitado la ciudad en los últimos años, podrá dar fe del verdadero vía-crucis en que se había convertido el paso peatonal, sobre todo en el municipio Libertador, sede de las 16 calles que dieron origen a Caracas.

Vendedores ambulantes, aquí denominados "buhoneros", habían ocupado zonas públicas desde plazas hasta aceras con ofertas de las más variadas y a veces no de tan poca monta como se puede pensar.

Ante la mirada indiferente de autoridades y ciudadanos y tal vez la complicidad de algunos comerciantes formales, el fenómeno llegó a hacer prácticamente intransitable las vías peatonales.

Junto a los informales y su economía de supervivencia, aparecieron evidencias de grupos que controlaban puestos y mercancías y, según denuncias, vinculados con la delincuencia.

El fenómeno se convirtió en algo muy distinto a la tradicional venta de calle, propia de las ciudades latinoamericanas, hasta llegar a una situación cercana al colapso.

La ofensiva del alcalde de Libertador, Freddy Bernal, por recuperar espacios públicos comenzó por Sabana Grande, una calle peatonal de la que se estima fueron desalojados tres mil buhoneros, para satisfacción de vecinos y visitantes de la zona.

Los caraqueños no sólo (re) descubrieron un paseo para familias y espacio para opciones culturales, sino también vieron mejorar su seguridad.

Según estimados, se registró una disminución del 90 por ciento de los índices de delitos y los comerciantes formales incrementaron ventas del 35 al 40 por ciento en esa zona.

Tras ese éxito, desde el primer día de 2008 quedó prohibido el comercio informal en las plazas Caracas y Bolívar, y otras zonas del casco histórico central como Capitolio y las avenidas Urdaneta y Universidad, entre otras.

Con satisfacción los vecinos volvieron a disfrutar el placer de andar por las aceras, pero también descubrieron que se agilizó el tráfico de vehículos, entorpecido por el paso de la mercancía y el uso de las calles por peatones ante la ocupación de las aceras.

La alternativa incluye la edificación de una Torre de Economía Popular y Solidaria de 12 pisos, con un costo de 45 millones de bolívares (casi 21 millones de dólares) que albergará 936 locales en el Centro de Caracas.

La torre, ubicada en Sabana Grande, fue concebida originalmente para viviendas y comercios, proyecto abandonado posteriormente, tras lo cual la estructura en construcción fue adquirida por el gobierno municipal, con vistas a darle su nuevo uso.

Se estima que mil 860 trabajadores informales serán beneficiados por la iniciativa, el primero de varios proyectos similares que garantizará el uso peatonal de las aceras y dignificará a los llamados buhoneros.

Otros mil 500 vendedores callejeros fueron ubicados en la llamada Gran Feria de Sabana Grande, antes un depósito de compra y venta de vehículos usados, aunque las autoridades consideran esa medida temporal.

Un indicio de lo acertado de la medida es que se ganó el reconocimiento incluso de sectores de la oposición al presidente, Hugo Chávez, radicalmente opuesta a toda medida oficial en el contexto de una generalizada polarización política.

La recuperación de las aceras llegó como aire fresco a una ciudad encerrada entre cerros y abrumada por un tráfico automotor agobiante y por momentos desquiciado que, casi con estupor, está recuperando el inefable gusto de caminar.

Fuente:Prensa Latina

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