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Cuba, sin quinta columna

Cuba, sin quinta columna

Miguel Lozano
Los 614 diputados a la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) de Cuba fueron elegidos con el voto directo y secreto de más de ocho millones de cubanos.
Por ley sólo pueden integrar ese órgano quienes reciban más del 50 por ciento de los votos, como garantía del respaldo popular mayoritario.
El próximo 24 de febrero esa instancia deberá elegir el Consejo de Estado, del cual saldrá el presidente, primer vicepresidente y demás vicepresidentes para los próximo cinco años.
Así debe culminar un mecanismo electoral que viene perfeccionándose desde 1976, con particularidades específicas, pero que al mismo tiempo es uno de los menos conocidos en el mundo.
Ninguno de los 614 diputados fue propuesto por un partido político. Todos fueron nominados en reuniones de vecinos o por organizaciones sociales como la Federación de Mujeres Cubanas, Asociación Nacional de Agricultores Pequeños o federaciones estudiantiles.
Pese a tener posibilidades de ser nominados en sus barrios, ningún opositor pudo pasar el filtro del ojo popular. Ninguno fue propuesto por lar organizaciones sociales, pero tampoco ninguno recibió el respaldo de sus vecinos.
El detalle demuestra, mejor que páginas de argumento, que la llamada “oposición” o “disidencia” cubana carece de base popular y existe únicamente por el apoyo financiero y de tipo organizativo de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
En las pasadas elecciones (de Estados Unidos), representantes de estos grupos incapaces de recibir el respaldo de sus vecinos, llegaron a protagonizar una dolorosa parodia: votaron en las instalaciones estadounidenses en La Habana como si fueran norteamericanos.
Por supuesto, el ganador de esas “elecciones” fue George W. Bush, el peor de todos los presidentes estadounidenses en relación con Cuba, según la percepción de los cubanos.
¿Podría esperarse entonces que alguien votara por alguno de estos llamados “opositores”, actores de una de las peores farsas electorales que pudieran imaginarse?
Mientras millones de cubanos resisten las presiones contra la soberanía nacional, quienes marchan en sentido contrario quedan al margen una y otra vez.
Se trata, en esencia, de un sistema democrático perfectible, pero que ha demostrado su eficiencia en la posibilidad de mantener fuera del sistema a una quinta columna colaboracionista.

CUBA VOTÓ
Los comicios del 20 de enero de 2008 (como los anteriores) desmienten varios mitos extendidos internacionalmente con una proyección goebeliana (la mentida repetida).
Tres de las más difundidas de esas especies: en Cuba no hay elecciones; sólo son permitidos candidatos del Partido Comunista y los opositores no pueden ser nominados.
La realidad es que pese a la lluvia registrada ese día en gran parte de la isla acudieron a las urnas ocho millones 230 mil 832 cubanos, 96 por ciento del padrón electoral, pese a que el voto no es obligatorio en Cuba, como en otros países.
La afluencia debe servir a muchos de los críticos como expresión de que, aún con deficiencias como cualquier obra humana, la población confía en ese mecanismo de elección, pese a la insistencia de sus enemigos por negarlo.
El segundo mito parte de una tergiversación que utiliza la existencia de un solo partido en Cuba, por razones históricas.
Sin embargo desconoce las características del proceso, dadas por el hecho que los candidatos no son presentados por ningún partido sino por los vecinos en reuniones públicas en las cuales votan a mano alzada y propuestas de organizaciones sociales.
El mecanismo busca, por un lado, reconocer el derecho a votar, pero también a proponer y garantiza, por el otro, la representación de todos los sectores de la sociedad: mujeres, jóvenes, campesinos, estudiantes, trabajadores y profesionales, entre otros.
El ocultamiento o desconocimiento de la forma de presentar candidaturas es también la base del tercer mito.
En realidad en el parlamento cubano no existen opositores porque no son propuestos por la población, que identifica a esos elementos con las posiciones pro-estadounidenses.
¿Por qué?. Tal vez un símil tomado prestado ayude a entender la posición mayoritaria de los cubanos:
¿Permitiría el gobierno británico expresiones favorables al fascismo cuando caían todas las tardes los cohetes v-2 alemanes sobre Londres?
El símil no es exagerado para los cubanos, luego de medio siglo de asedio, agresiones armadas, presiones económicas y un bloqueo que incluye desde computadoras hasta medicinas.
En estas condiciones lo más natural es la ausencia de oposición en un parlamento validado por una votación abrumadora, pese a los intentos reiterados de ocultar este hecho y los temporales (mal tiempo) que usualmente llegan a la isla desde el norte.

Miguel Lozano
Prensa Latina

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2 comentarios

Adycto -

A pesar de mi desconocimiento sobre el tema y de lo interesante que me parece este artículo quería hacer dos puntualizaciones. En primer lugar, que el voto no sea obligatorio en el país no implica que no haya alguna forma de coherción para ejercerlo. La verdad es que soy de los que desconfían de participaciones superiores al 95% en cualquier votación. Por otro lado y, aunque come he dicho el post me parece interesantísimo por el profundo desconocimiento general que hay sobre este proceso, creo que la presencia de "opositores" en las cámaras representativas siempre es saludable para el sistema.

Klaus Meyer -

Por favor, dígame, ¿los vecinos, cuyo sustento, trabajo y futuro dependen del Estado, escogen a los (pre)candidatos votando secretamente o a rostro descubierto?
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