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Un killer que sabe demasiado

Un killer que sabe demasiado

Miguel Lozano
Caracas.- Un aspecto intrigante en las historias de espías es cómo los organismos de inteligencia pueden elaborar un retrato exacto de un agente enemigo, muchas veces sin un contacto directo.
No tengo evidencias que el general de División ® Fabián Escalante, ex jefe de la inteligencia cubana, conociera en persona al terrorista Luis Posada Carriles.
En una entrevista con el periodista Jean-Guy Allard, el general afirma: Posada es un asesino a sueldo. Es un “killer” como los que protagonizan las películas norteamericanas, que lo mismo mata a Juana que a su hermana, sin emoción alguna, sólo por dinero, sin otro interés.
Esa caracterización, sin embargo, me trajo a la mente el testimonio de alguien que sí lo conoció: Jesús Marrero, un venezolano torturado bajo las órdenes de Posada y quien muchos años después sigue recordando la frialdad del asesino.
Marrero explicó a Prensa Latina cómo estuvo secuestrado durante los meses de junio y julio del 73 en los sótanos de la DISIP:
“Casi todas las noches nos torturaban con electricidad, nos metían en un tanque metálico y daban golpes para aturdirnos, nos amarraban en una cama metálica sin colchón y nos metían palos por los oídos y casi nos los reventaron”.
Según Escalante, Posada llegó a Venezuela en 1967, aunque en su libro Los caminos del guerrero dice fue en 1969, después de haber sido contratado en una escena fantasiosa por un venezolano hasta entonces desconocido mientras bebía en un bar.
Lo cierto, sostiene el general cubano, es que llegó dos años antes como asesor de la CIA, un organismo para el que trabaja desde 1960, como indican papeles desclasificados de esa organización.
Años después, en 1976, ya concluida su carrera en la DIGEPOL y la DISIP, en la cual llegó a ser jefe de Operaciones, Posada cometió uno de sus más atroces crímenes al hacer explotar en pleno vuelo un avión civil cubano con saldo de 73 muertos.
Más allá de cualquier valoración política, el crimen deja claro el carácter asesino de Posada y abre una interrogante:
¿Cómo es posible que un gobierno democrático y defensor de los derechos humanos utilice asesinos de este tipo y los proteja, como demuestra la negativa de Estados Unidos a extraditar este “killer” a Venezuela?
La respuesta, como en los buenos filmes de espionaje, pudiera estar en una vinculación entre un detalle del inicio con el final: la CIA, bajo el mando de George Bush (padre) y la Presidencia con George Bush (hijo).
“Sabe demasiado”, ha dicho Escalante.
Fuente:Reporte/Prensa Latina

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